lundi 15 avril 2019

La persona que viaja

Jorge Vega |


Vista de Eguisheim

Me gustan y admiro a las personas que viajan, porque la persona que viaja tiene muchas cualidades que me maravillan. Para viajar hace falta plata, es cierto, pero conozco a gente que tiene plata y que simplemente no viaja, así que la plata no es la única razón o impedimento por el que las personas viajan o no.

La persona que viaja tiene, sobre todo, ganas de conocer o de ver otras cosas, de comer cosas que no come habitualmente, de aprender cosas, de tener contacto con otras personas de otras regiones o de otros países. Muchas veces la persona que viaja tiene que hablar en otro idioma, aprender otros códigos culturales, hacer cosas que no haría en su país o ciudad de origen.



La persona que viaja ve todo desde un ojo diferente, desde otra perspectiva,entonces para la persona que viaja, cosas tan simples y cotidianas para las personas locales, pueden ser contempladas con admiración. Me pasaba mucho eso en Nicaragua. Recuerdo que una vez fui a Catarina con una francesa que trabajaba conmigo en la Alianza Francesa y cuando estábamos cerca de Catarina, había un chancho (cerdo) en la calle y para ella eso fue como uno de los mejores espectáculos que había visto en su vida, le parecía increíble ver a ese gran chancho en la calle y pues a mí no me parecía tan “increíble”. Ella vivió ese momento como algo único, porque era nuevo y quizás exótico para ella.

 
La semana pasada estuve en Alsacia. Yo trabajé en Estrasburgo hace 13 años y conocía ciertas cosas de la región, pero no mucho y en esta ocasión tuve la oportunidad de visitar ciudades que no pude ver en el pasado. Si en Nicaragua fue mi colega francesa la que se maravilló con todo lo que vio en Nicaragua, en esta ocasión me tocó a mí admirar y maravillarme con esa región de Francia. Hay pueblos en Alsacia que no parecieran de verdad, pareciera que uno estuviera en un cuento o quizás en algún escenario de una película, todo es tan mágico, tan bonito, tan exótico para mí.

La persona que viaja puede hacer comparaciones también, es cierto. La persona que viaja compara lo que conoce (su referencia), con lo nuevo, con los que está descubriendo y aprendiendo e integrando. En algunas ocasiones la persona que viaja simplemente compara por comparar, o para decir que todo lo que él o ella conoce es mejor y pues hay otro tipo de persona que viaja, que puede hacer comparaciones de forma inconsciente, y hay también otras personas que viajan con el espíritu tan abierto, tan libre, que simplemente aprovechan lo que ven y están tan sumergidos en lo que ven, que no tienen el tiempo de comparar.

Viajar es para mí una de mis grandes pasiones y no importa qué tan lejos o cerca viaje, siempre disfruto y disfrutaré de las nuevas experiencias. Es que me gustan y admiro a las personas que viajan, porque la persona que viaja tiene muchas cualidades que me maravillan, ¿Te lo había dicho alguna vez?

 
La Montaña de los Monos,  Kintzheim (Alsacia).



dimanche 13 janvier 2019

De Madrid al cielo, pero pasando antes por Francia




Por: Jorge Vega ~

Para despedir al año 2018 y darle la bienvenida al 2019, decidimos ir a hacerlo a la Puerta del Sol, en Madrid. Paradójicamente una de las cosas que más me llamaba la atención de ir a Madrid, es que en esa ciudad hay un restaurante de Nicaragua. La idea de ir a conocer la capital española y de paso ir a comer algo de mi país, en un ambiente centroamericano, me parecía doblemente genial.

Para Navidad estábamos en el País Vasco (Le Pays Basque, en francés), en la parte francesa, entre Hendaye y Saint Jean de Luz, así que para ir a Madrid pensamos en tomar el tren, porque no queríamos ir en carro. La mejor idea era ir a San Sebastián (en el País Vasco, parte española) y ahí tomar el tren de la RENFE con dirección a Madrid.

El viaje en tren duró un poco más de 5 horas. El tren está equipado de pantallas para proyectar películas, documentales o simplemente para escuchar música (hay auriculares para todos los pasajeros) y pues el tren también tiene el servicio habitual de cafetería y otra cafetería móvil, como las de los aviones....

Creo que hicimos alrededor de 7 paradas en las ciudades principales por las que pasa el tren y finalmente llegamos al destino final que era Madrid. El clima era súper bueno, hacía algo de calor y eso que estamos en invierno. Antes para mí no era tan importante eso de estar en invierno o verano, porque en Nicaragua prácticamente no se siente el cambio, bueno, depende de las ciudades y las regiones, pero en principio el clima nuestro es el mismo todo el año, pero en Francia es súper importante esto de si es invierno o verano, porque el invierno es frío, incluso súper frío en ocasiones y pues el verano es caliente, normal, como casi los 365 del año en Nicaragua.

Para movilizarse en la capital española, optamos por la tarjeta que te sirve para tomar el metro o el RER de Cercanías. Es una tarjeta recargable, es el mismo sistema que vimos en Amsterdam o en Luxemburgo si mi memoria no me traiciona...
Museo Reina Sofía

Confieso que al estar en el metro tuve la sensación de estar en un país latinoamericano, en América del Sur; no conozco el cono sur, pero he visto muchos documentales y películas y ese fue el sentimiento que tuve al estar en Madrid. Por momentos también me sentí como en Multicentro las Américas, en Managua. La presencia latinoaméricana es bastante grande en esa ciudad.

Recibir el año nuevo en la Puerta del Sol no fue quizás una de las mejores ideas; el lugar es súper pequeño y entonces se llena súper rápido, hay personas que van ahí desde tempranas horas y pues los que llegan después de las 11 de la noche ya no tienen chance de poder apreciar todo a como se debe. Como dato curioso, en Madrid dicidieron parar el reloj a las 11:15 de la noche y lo pusieron otra vez en ruta como una hora y media después, para recibir el año nuevo 2019, es decir que recibimos el año con retraso....

Realmente fue interesante caminar por las calles de la capital española: ir al parque El Retiro, visitar el museo Reina Sofía, ir al restaurante Nicaragûense Volcanes, recibir el año nuevo en la Puerta del Sol (a pesar de todo), ir a la Plaza Mayor y pues también haber comido muchas tapas españolas o pinchos como ellos les dicen. Necesitamos regresar de nuevo a Madrid, porque según dicen, de Madrid estás a tan sólo un paso del cielo, ¿Será?