lundi 19 juin 2017

lundi 12 juin 2017

De lo difícil de ser nocturno y vivir en un mundo diurno



Jorge Vega



Me activo por las noches. Tengo toda la energía del mundo por las noches y conozco a otro montón de gente que funciona así también. Es súper curioso, porque siento que en la noche puedo ser bien creativo, puedo escribir cosas interesantes, pensar en proyectos que me interesa materializar y no sé, siento que cuando estudio algo de noche aprendo mejor.

Hay otras personas que son diurnas, es decir que son más del día, entonces ello.a.s son más productivos durante el día y descansan en la noche, eso es lo normal, porque el día está hecho para trabajar, funcionar, ser creativo y demás y la noche pues para descansar, pero por «razones misteriosas» no funciono de esa manera.

De hecho las correcciones de exámenes las hago de noche, porque estoy mucho más concentrado; como no hay ruido ni nadie cerca, entonces uno puede concentrarse plenamente en la actividad que está haciendo. Digo esto desde mi experiencia nocturna, quienes no hayan experimentado eso, no lo comprenderán…

Lo malo de ser nocturno en un mundo que funciona mayoritariamente de día, o al menos en el oficio que desempeño, es que como uno se acuesta algo tarde, al día siguiente uno anda algo cansado. Y no soy el único al que le pasa, por ejemplo una colega de español que una vez me dijo que sólo había dormido 3 horas y le pregunté: ¿3 horas nada más ó 3 horas con 5 minutos? J

Afortunadamente que no todas las personas son nocturnas, porque de ser así, se tendría que cambiar el horario de trabajo y todos tendríamos que trabajar de noche y como los humanos somos complicados, si se llegara a cambiar todo eso para ser más productivos de noche, seguramente nos volveríamos diurnos y tendríamos ganas de trabajar durante el día....

jeudi 1 juin 2017

Amsterdam, la capital de colores

Jorge Vega~




Me gusta viajar. Esa es una de las cosas que más me gustan. Me gusta viajar, porque al viajar conocés otras cosas, ves formas diferentes de hacer las cosas, escuchás otro idioma o si es tu mismo idioma escuchás otras formas de hablar, otros acentos, otras formas de llamar a las cosas, otros olores, sabores...

He tenido la suerte de viajar por varios países, no tantos como quisiera, pero en definitiva que esa es una riqueza cultural enorme, vas llenando tu mochila de nuevos destinos y te das cuenta que después de cada viaje regresás cansado, pero renovado y con una gran sonrisa.



Hace poco fui a Amsterdam en los Países Bajos, y esa ciudad me gustó mucho. Uno de los aspectos más cautivadores, además de sus canales y de sus bicletas, fue el hecho de ver que las personas sacaban sus sillas y sus mesas y se sentaban en las calles, como nosotros en Nicaragua que nos sentamos en las aceras de las casas. Yo juraba que ese tipo de cosas sólo se hacían en países latinos, pero no, se hace en Amsterdam también y quién sabe en cuántos otros lugares más.

Sentarse en la acera es inimaginable en Francia, porque aquí ese tipo de cosas se hacen en el patio de las casas, pero nunca en la acera, eso no es «normal» por así decirlo. Los franceses hacen sus reuniones en sus casas o en los patios o en los balcones de las casas, pero nadie va a sacar sillas y mesas y ponerse a platicar en las calles, algo que es común en Managua y otros departamentos de nuestro país.


Amsterdam es una capital pequeña si la comparamos con ciudades como París, así que todo queda relativamente cerca y eso me gustó mucho. El metro no es «jodido», al contrario, es pequeño y de fácil acceso, así que uno no tiene que caminar el montón para buscar su línea de metro.

Otra cosa interesante de Amsterdam es que la gente no le tiene miedo a los colores, la gente mezcla colores, las casas tienen colores vivos y variados, las lanchas se visten de colores, en resumen todo tiene mucho color y colores bien vivos, cosas que no son tan comunes en la Bretaña Francesa por ejemplo. 



Me gustó Amsterdam y espero tener el placer de visitarla nuevamente. Me gustaron sus canales, su barrio rojo, la visita en la lancha, los jardines, lo poco que conocí de su gastronomía y ya de regreso en Francia me puse a ver la película del diario de Ana Frank, conocía la historia, pero nunca había visto la película y lo hice como para cerrar con broche de oro ese viaje a esa bonita capital de los Países Bajos.