mardi 19 février 2013

Circos de pueblo.





Por: Jorge Vega



He leído cuentos sobre circos que van a los pueblos y al leerlos recuerdo fácilmente mi niñez, porque a pesar de haber nacido en la capital, me crié en un pueblo que en algún tiempo fue pobre y pequeño, después de unos años se le fue uno de los males: ser pequeño, pero aún nos queda el primero.

Cada pueblo tiene su origen, supongo que algunos más interesantes que otros, el mío no puede pasar desapercibido porque se desarrolló en extensión gracias a los terremotos que sacudieron la que entonces era, según me cuentan, una de las capitales más prósperas de la región.

Recuerdo perfectamente los primeros circos que visité; ninguno tenía carpa y todos los presentes nos volvíamos “artistas del equilibrio” maniobrando en las bancas para sentarse y tratar de no caer. 

Como en todo circo, pienso, las atracciones siempre eran los animales, creo que sin importar si se trata de un pueblo pequeño y pobre o grande y próspero, los animales siempre juegan un papel importante, nos permiten “entrar” en su mundo y que ellos, gracias a su domador, entren al nuestro, aunque definitivamente quienes salimos ganando somos nosotros, porque tenemos diversión y seguimos siendo libres, en cambio ellos pierden su libertad y pasan a obedecer para comer.

“¡¡¡Sean todos bienvenidos al circo…en esta ciudad no hay diversión para niños, qué alegre que ya está aquí el circo, para alegrar a los niños!!!” anunciaba alegremente el presentador de la noche, lo curioso de la “diversión para niños” es que empezó con una danza de 5 mujeres en traje de baño, quizás la idea era despertar a los pequeños que ya siento tan tarde, como las 8 de la noche, empezaban a presentar muestras de cansancio.

Seguramente es por la edad, tengo más de 25 años o bien por la costumbre de ver casi siempre los mismos números  artísticos que no sentí la emoción que sentía antes, pensé que era sólo yo, pero al ver a las demás personas “mayores” descubrí que les costaba mucho trabajo estar ahí, pienso que lo hacían por sus hijos o familiares menores de edad quienes sí estaban muy entusiasmados.

Llegado el momento de las risas, risas y más risas, hicieron aparición los payasos, quienes empezaron un diálogo haciendo referencia a situaciones sexuales “ocultas”, por ejemplo cuando un payaso le pide la argolla, en sentido de un anillo, a otro payaso, sólo que para nosotros esa palabra es de doble sentido, a pesar de eso la gran mayoría se mostró muy complaciente y todos sin distinción soltaban las carcajadas, adultos y niños, en esos momentos me puse a pensar que esos mismos chistes que ahora me chocaban por su contenido sexual, seguramente fueron los mismos que escuchaba cuando era niño, pero por el poder de la inocencia dejé pasar y reí como los demás niños presentes bajo la carpa.

No recuerdo mucho los números artísticos que vi, lo que sí recuerdo es que después de cada dos artistas, había una muchacha en un diminuto traje y que salía a bailar y la manera de realizar el baile no estaba, honestamente, dedicada a un público infantil. Seguramente esto debe hacerse para mantener la atención de los adultos.

No digo que todos los circos sean igual al que visité hace unos días en mi pueblo y tampoco que se parezcan a aquéllos que visité durante mi infancia, hay circos de mucha y buena calidad, lo triste es que a nosotros, en nuestro pueblo, nos toque presenciar este tipo de “diversión”, que cada vez pienso más, definitivamente no es para niños.