samedi 4 janvier 2014

¿Y la caja?



Por: Jorge Vega
                                                         Foto de:  mi pobre angelito.

Siempre que se empieza a hacer algo nuevo, distinto a lo que uno está acostumbrado, pasan cosas imposibles de olvidar. A todos nos ha pasado en nuestras primeras experiencias educativas y profesionales batallar contra situaciones, momentos que uno no esperaba y esas experiencias forman parte, indiscutiblemente, de nuestra historia personal.

Quiero compartir con Ustedes la historia de la caja perdida….

Hace unos años a mi regreso de Francia y en búsqueda de una experiencia profesional diferente a la enseñanza (había ensenado español en Francia) y examinando algo que me permitiera aprender más en un área diferente, tuve la oportunidad de trabajar en una tienda de libros que en ese entonces, era toda una novedad en Managua.

La tienda en mención tenía y tiene aún,  uno de los ambientes más interesantes de la capital, tiene su propia cafetería dentro, sillones súper confortables, buen ambiente musical, excelente y mus variada bibliografía en fin todo era perfecto, pero como era un negocio nuevo, el personal también lo era. Muchos de nosotros no teníamos la gran experiencia en lo que era ventas, el requisito máxime era que uno tuviera cierto grado de cultura general, una cierta dosis de interés por la lectura y ganas de vender.

Mi papel consistía en hacer la promoción de los libros y una de las ideas era hacer un boletín, no recuerdo si quincenal o mensual, con información de las novedades, con pequeñas sinopsis, imágenes, en fin el trabajo habitual de marketing.

Como estábamos empezando y había que hacer presencia en eventos para darnos a conocer, es que un buen día nos damos cuenta que va a haber un festival de poesía en Granada. Todos estábamos súper entusiasmados, porque esa actividad nos caía como anillo al dedo, ya nos imaginábamos todo el público al que íbamos a llegar directa e indirectamente.

Pues nos pusimos manos a la obra, a decidir qué tipo de material se podía llevar, ver qué tipo de descuentos se podían ofrecer, organizar el traslado de los libros y del personal, almuerzos, uniforme y también la …..tan ta ta tan!!!….caja para guardar el dinero.

Confieso que jamás pensé que el trabajo en ese festival iba a ser tan duro. El día en cuestión, estábamos dos personas; mi colega y yo y había mucha gente. Nuestro trabajo era: atender a los clientes, hacer la promoción de los libros, observar que ningún oportunista tomara ningún libro y se lo llevara sin pagar, ordenar el stand, poner libros en los espacios vacíos y así hubiera pasado el día y hubiera sido un día normal, habitual, sin novedad a no ser por un pequeño-gran descuido de dos vendedores muy motivados con la venta de libros, pero quizás no tan cuidadosos o protectores de un objeto que, hoy por hoy entiendo, tenía que haber sido considerado como el centro de nuestro universo en ese espacio.

No recuerdo quién llegó a hacer una compra y se le atendió de la manera más amena posible y cuando iba a realizar su pago, justo en ese momento,  de un momento a otro, la sonrisa se nos apagó a ambos vendedores, ya se imaginaran a lo que me refiero, pues si, es eso que se imaginan, la caja había desaparecido por completo, no había dejado tan siquiera un pequeño rastro de su partida, se había ido, o mejor dicho alguien la había tomado y con ella se había ido nuestra tranquilidad y había venido una enorme ola de incertidumbre. ¿Qué iba a pasar ahora?, ¿Íbamos a conservar nuestro trabajo?, ¿Qué iba pensar el jefe de nosotros? , ¿Cómo se había perdido? , ¿En qué momento alguien la tomó? En fin más dudas e incertidumbres que respuestas.

Se dio aviso a los policías, llamamos al jefe y se realizó la investigación pertinente, pero lamentablemente la caja no apareció. Por la noche regresamos a Managua y en el camino más que interesarnos por saber qué iba a pasar con nosotros, lo que realmente nos importaba saber era cómo nos había pasado eso.

El jefe, muy inteligentemente, entendió que no se podía tener a dos personas atendiendo el stand, haciendo todas las actividades y además ocuparse del dinero y al día siguiente envió a alguien para que se encargara exclusivamente del dinero. Mejor idea no se le pudo haber ocurrido.

Creo que tanto para el jefe como para nosotros, fue una experiencia por la que no nos hubiera gustado tener que pasar, pero al final nos permitió entender que en ese tipo de ferias hay que ser lo más cuidadoso posible y que pase lo que pase, hay que tener los ojos bien puestos sobre la caja!