mardi 8 novembre 2016

Me regresa el regalo por favor?



Por: Jorge VEGA




Cuando estábamos pequeños, las gemelas y yo, fuimos a una fiesta de quince años de una muchacha. No recuerdo quién era, sólo sé que teníamos que ir a esa fiesta. Para esas fechas mi papá había fallecido, entonces mis demás hermanos y mi mamá no salían a fiestas, pero como nosotros éramos los más pequeños; las gemelas de seis años y yo de ocho, entonces teníamos el "privilegio" de poder seguir con nuestras vidas, ignorando un poco lo que la muerte de nuestro papá significaba realmente.


Llegamos a la fiesta y entregamos el regalo a la quinceañera y le dijimos el acostumbrado: ¡Feliz cumpleaños! Después nos fuimos a sentar y la mamá de la cumpleañera pasaba con platos de comida y bebidas para los invitados. Todos los invitados estaban acompañados de personas mayores, habitualmente tres niños no van a ir solos a ese tipo de fiesta, pero nosotros ahí estábamos.


La señora iba y venía y habían más personas que hacían exactamente lo mismo, les daban de comer y beber a los demás, pero ni nos volteaban a ver a nosotros tres. Entonces yo como era el más grande, le dije a la gemelas: ni nos vuelven a ver, ¿nos vamos?, las gemelas no estaban interesadas en quedarse, entonces me dijeron que sí, y entonces les dije: vamos a decirle a la señora que ya nos vamos pues. Y así hicimos, nos pusimos de pie y fuimos donde la señora y le dije: ¿Señora, me regresa el regalo por favor?, ahí la señora se quedó asustada y me dice: pero, ¿Qué les pasa?, ¿Para dónde van?, y las gemelas le dijeron: como le están dando de todo a los demás y a nosotros ni nos vuelven a ver, ¡pues ya nos vamos!, ¡Qué valor el de nosotros! 



Cada vez que recuerdo esa situación y que se la cuento a alguien me pongo a reír. Fui divertida esa acción de nuestra parte. Como estábamos solos y además nuestro papá recién había fallecido, nos pareció normal irnos del lugar, pero no irnos con las manos vacías, fuimos a buscar lo que habíamos ofrecido como regalo. Una acción de protesta.



Como la señora nos vio serios y decididos, nos dijo: vayan a sentarse, ya les vamos a llevar las cosas y pues nos fuimos a sentar. Le dimos su oportunidad. Del resto de esa historia no me acuerdo. Esa señora sabía que a pesar de haber perdido a mi papá, estábamos ahí, celebrando el cumpleaños de su hija y éramos tres niños; las gemelas de seis años y yo de ocho. Creo que sin querer le enseñamos que debe respetar a todos por igual.