samedi 21 mars 2009

Mi bicicleta familiar


Jorge Vega

Nacer en una familia numerosa te obliga a compartir todo o casi todo, en mi caso, el número 6 de 8 hijos, me tocó aprender a andar en bici en la misma bicicleta que la hicieron mis hermanos mayores. La bicicleta seguramente fue al inicio buena y decente para el primero de mis hermanos, muy contento se debe de haber sentido, pues fue él la primera persona que la utilizó. Al llegar mi turno, unos 20 años después, la bicicleta había perdido completamente su encanto, no tenía siquiera color y las llantas no daban para más. Estaba muy emocionado a pesar de todo, la idea de poder andar en bici me había cautivado y motivado. Con ciertos ahorros, pude pintarla en rojo, un rojo no tan vivo, pero servía al menos para poder lucirla en la calle de mi barrio, digo; “en la calle”, porque al principio no me era permitido más que ir y regresar en el mismo trecho de la calle hasta cansarme de ver las mismas paredes, vecinos y ver las otras bicis modernas y nuevas. Yo aprendí a andar en bicicleta a los 7 años, un año antes que muriera mi padre. Aprendí en una bicicleta para personas “grandes”, chavalos entre unos 12 ó 14 años, me doblaba en edad la bendita bicicleta. Inicié aprendiendo en el patio de la casa de mis padres, recuerdo que en ocasiones mi papá me llevaba de la montura y después me aventaba y me dejaba solo, hasta que yo chocaba con algo y me caía y empezaba a llorar. No muy humana la técnica empleada por mi papá, pero igual aprendí.
No recuerdo si a mis hermanas menores, que son gemelas, les toco aprender a andar en bici en la misma bicicleta que a mí, creo que fui el último en usarla, después se poncho una llanta, un hermano mayor que yo compró una nueva y a partir de entonces nadie la volvía a ver. Hasta ahí llego el aparato de hierro y hule. Luego de algún tiempo, creo que se reparó, pero era más que evidente y entendible que ya no daba más, su vida útil ya había caducado. Hay cosas en la vida que te dejan un lindo recuerdo, bueno la bicicleta me dejo también raspones y chichotes, pero aprendí y eso es lo que vale. Te recuerdo con cariño bicicleta roja, libre, chillona, “bonita”, sí fuiste bonita. Y así te tendré en mi mente.